El otoño comienza, y lo más notable es el cambio en el color de las hojas de los árboles. Mas también ocurre un cambio en mí —un refrescar, una nueva emoción, un vigor renovado.
Los cambios externos me recuerdan que todo evoluciona. Veo la transformación de la obra de Dios en la naturaleza, y ésta hace surgir en mí una conciencia más profunda de mi potencial para el cambio positivo. Acojo las oportunidades de acercarme más a Dios y de profundizar mi comprensión espiritual.
Bien sean los cambios que yo enfrente pequeños o monumentales, confío en que tengo las herramientas espirituales que necesito para superarlos.
“Mas yo en ti, Jehová, confío; digo: ‘¡Tú eres mi Dios!’”—Salmo 31:14



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Los cambios casi simpre son bueno.. no es bueno quedarse estancados.. hay que ir evolucionando con los tiempos…