Un ramillete veraniego incluye una gran variedad de flores en una multitud de colores. La variedad hace que el ramillete sea bello y único.
Me doy cuenta de que soy una flor en el maravilloso ramillete de la humanidad. Sin juzgar ni compararme con los demás, disfruto de la belleza única en cada uno de nosotros. Soy una expresión divina, y los demás también lo son. Al valorar nuestras semejanzas y diferencias experimento armonía.
Reconozco que soy amado y que tengo una contribución única que hacer. Al aprender a amarme, estoy en paz —conmigo mismo y con los demás. Al vivir en paz, estoy en armonía con el mundo hermoso de Dios.
“Han brotado las flores en la tierra, ha venido el tiempo de la canción.”—Cantares 2:12


Posteado en 




esta mañana la lei a mis compañeras,ahora vuelvo a leerla….me encanto….gracias por estas palabritas diarias, ellas hacen que mi espiritu se fortalesca. besos