Escuchar el sonido del caer de la lluvia, disfrutar de una conversación con un amigo, reír con seres queridos —¡qué bendiciones nos brindan! Estos sencillos placeres son sólo parte de la infinita abundancia del bien divino que enriquece mi vida.
La gratitud me vuelve receptivo a todavía más experiencias del bien divino. En oración, doy gracias a Dios por las bendiciones que experimento día a día. Ya sea lograr un objetivo, compartir un momento con un amigo o contemplar un amanecer, reconozco y agradezco una por una.
Disfruto plenamente de estos regalos. Y, al permanecer alerta a la bondad y generosidad de Dios, ¡recibo más bendiciones!
“Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón.”—Salmo 37:4


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